Heat Transfer
— Frank Cristiani —
La joven pareja tenía carreras exitosas, pero entre más se enfocaban en el trabajo, menos se tocaban. Para mantenerse conectados, ella les había regalado unas pulseras que les permitían sentir las emociones del otro: estrés, euforia, tristeza, en tiempo real.
Un día libre, él estaba relajándose en casa mientras ella estaba en el gym. Su gata no dejaba de maullar y frotarse contra su pierna, con la cola bien levantada. "Pobrecita, estás en celo. No puedo ayudarte con eso", se rió.
Entonces sintió una oleada de endorfinas a través de la pulsera: el high del entrenamiento de su esposa. Curioso, se quitó la banda, la abrió y usó sus conocimientos técnicos para ajustar los componentes sensoriales, aumentando la intensidad.
En lugar de volérsela a poner en la muñeca, se la ajustó al cuello de la gata como un collar.
Unos minutos después la puerta principal se abrió de golpe. Su esposa entró como tormenta, la bolsa del gym cayendo al piso, ya quitándose la ropa mientras caminaba hacia él. Su piel brillaba de sudor del entrenamiento interrumpido.
Se le lanzó encima, besándolo con tanta hambre que parecía querer devorarle la lengua.
En segundos lo tuvo desnudo. Se arrodilló, chupándosela con necesidad desesperada, luego se inclinó sobre el sofá y le rogó que la cogiera
Estaba insaciable: gemía y gritaba más fuerte que nunca, corriendose una y otra vez mientras lo montaba, se frotaba contra él y pedía más.
Él se vino mucho antes de que ella terminara, pero ella siguió hasta que por fin se desplomó, desmayada de puro agotamiento.
Él le quitó el collar a la gata con cuidado y sonrió
... no podía esperar a su próxima temporada de celo.

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