Sí, jefe
— Frank Cristiani —
Alex sentía una mezcla de placentera satisfacción y profunda rabia mientras limpiaba los restos de semen que goteaban de sus muslos firmes y acomodaba el vestido de tubo azul ajustado en su lugar.
Hace unas horas, él estaba microgestionando cada detalle de la tienda a su cargo: cada anaquel, cada banner de promoción, todo tenía que quedar exactamente como él decía o humillaba y regañaba a sus empleados en público, especialmente si eran mujeres.
Abigail se había unido al equipo hace poco: joven, look sureño, cabello rubio platino que usaba para atraer clientes. También era hechicera, o al menos lo había sido; estaba tratando de dejar atrás ese mundo misógino para vivir como una persona normal, así que ahora era la nueva modelo de piso, mostrando productos y promociones para que la gente comprara, sobre todo hombres.
Pero Alex no paraba de hostigarla: de su vestuario, de que mostrara más piel, de que usara más a “las gemelas”, inventando que sus ventas no eran suficientes… hasta que ella explotó.
Hoy era el día de la gran venta y, cuando terminó la junta previa a la apertura, Alex le pidió a Abigail que se quedara.
Ella lo hizo, y él intentó chantajearla con sexo o perdería el trabajo.
Abigail fingió seguirle el juego y empezó a besarlo, disimulando el asco. Cuando por fin estaba inclinada sobre la mesa, el vestido subido a la cintura, las tetas apoyadas en la madera, movió las manos en secuencias rápidas que parecían lenguaje de señas
De pronto el mundo giró.
Abigail estaba ahora de pie detrás de su propio cuerpo empinado, su nueva verga a milímetros de su húmeda entrada. Sonrió.
“A ver qué te parece esta evaluación de desempeño, Alex.”
Ella empujó su nuevo miembro empalándo a Alex profundamente. Él todavía no procesaba lo que pasaba cuando lo inundó el placer de su forma femenina. Abigail cogió su antiguo cuerpo con lujuria cruda y hambre de venganza hasta que se corrió, llenando su antiguo vientre de su propio semen.
Abigail le dió una nalgada a su antiguo culo y se acercó a susurrarle al oído a Alex: "Más te vale llegar a tu meta hoy, 'Abi'... si quieres tu cuerpo de vuelta"
Entonces se acomodó su ropa, sonrió, y salió de la sala de reuniones, dejando a Alex, atrapado en el sensual cuerpo de Abigail, aún empinado en la mesa, el vestido enrollado en su cintura y con su semen goteandole por los muslos.

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